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Dejarse tocar por la realidad

Lluís Serra i Llansana
20 de septiembre de 2026
llserrall@gmail.com
Fuente: https://www.catalunyareligio.cat/es/group/22449

 

Hartmut Rosa, sociólogo y filósofo alemán especializado en temas sociales y políticos, pronunció en 2022 una conferencia que dio origen al libro La democracia necesita religión. Posteriormente, algunas traducciones han añadido la expresión «con urgencia», mientras que una nueva edición alemana revisada ha complementado el título con estas dos palabras: gerade jetzt!, que se traduce por «¡precisamente ahora!». ¿Cómo interpretar que la democracia necesite con urgencia la religión, cuando durante décadas se ha pretendido crear una distancia casi insalvable?


No se trata de sentir nostalgia por los tiempos pasados o de acentuar el poder eclesiástico, sino de desarrollar capacidades que las tradiciones religiosas han cultivado históricamente, tales como el silencio, la presencia, la atención, la humildad, la espera y la disponibilidad interior.


Hay una escena evangélica que ayuda a comprender de manera muy concreta lo que Rosa quiere decir: la parábola del buen samaritano (Lc 10,25-37). El punto de vista del filósofo es que una democracia no vive solo de procedimientos, instituciones y votos. Requiere ciudadanos e instituciones capaces de dejarse interpelar por lo que viene de fuera, que escuchen y respondan. Ante un mundo de aceleración y productividad, hay que ser capaz de detenerse, de no reducirse solo a lo que se puede controlar. Los tres personajes ven al hombre herido, pero solo uno se deja tocar por lo que ve. El sacerdote y el levita pasan de largo: la víctima no les interpela. En cambio, el samaritano se muestra receptivo ante la realidad que encuentra. Le despierta compasión. Se deja afectar, sin huir. En este momento, Rosa utiliza la palabra resonancia para indicar que se produce una relación con el mundo en la que algo nos toca, nos transforma y provoca nuestra respuesta. El samaritano se aproxima, cura las heridas con amor, cede su cabalgadura y le lleva al hostal. Para Rosa, la experiencia religiosa es una forma particularmente poderosa de apertura a lo que no controlamos: Dios, la trascendencia, la palabra, el silencio, el ritual, la oración, la comunidad. La trascendencia introduce una alteridad que no podemos controlar. Se trata de escuchar antes de decidir. Aquí surge una conexión directa con la democracia. La política democrática necesita ciudadanos que no solo quieran imponer su voz, sino que sean capaces de escuchar las voces de los demás y permitirse transformar, al menos potencialmente, por lo que escuchan.


Rosa no idealiza la religión: también reconoce que puede volverse sorda a la resonancia que ella misma está llamada a cultivar. Pero la religión puede ofrecer a la democracia una pedagogía de escucha, de límites y de trascendencia. Esta es la síntesis más poderosa de Rosa: la religión puede recordar a una sociedad acelerada que no todo es producible, calculable o controlable. Y puede educar en disposiciones —silencio, escucha, gratitud, esperanza, confianza, aceptación— que no solo son privadas, sino que tienen consecuencias en la forma en que construimos comunidad.


En definitiva, la crisis contemporánea no es solo una crisis de valores o de instituciones; es también una crisis de nuestra capacidad para dejarnos tocar por la realidad. Hemos aprendido a actuar sobre el mundo, pero necesitamos reaprender a dejarnos tocar por él.


Lluís Serra Llansana

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