Celebración de la Pasión del Señor
Monición de entrada
Hermanos/as: La muerte es una realidad de la que no podemos prescindir; está presente en cada momento de nuestra vida.
El dolor, el fracaso, la incomprensión, la soledad y el desamparo; la enfermedad y la vejez, no son sólo palabras que nos impresionan. Son, además, realidades amargas; y cada uno de los que estamos aquí podría hablar desde su propia y dolorosa experiencia.
Caifás profetizó: “Conviene que muera un hombre por el pueblo” ... Hoy, otros Caifás siguen sentenciando: “Conviene mantener en la ignorancia, en la miseria, en la guerra a pueblos enteros para salvar nuestra economía y nivel de vida o nuestro poderío”. Este es el gran escándalo.
La Pasión y la Muerte del Señor Jesús que celebramos los cristianos en esta tarde, es para nuestra desgracia, un acontecimiento presente y actual. Lo que hicieron con nuestro Señor en aquella tarde, se sigue haciendo..., lo seguimos haciendo cada día... Con otras espinas, con otras cruces, con otros clavos..., pero hoy Cristo sigue siendo también crucificado.
Al celebrar esta tarde la Pasión y la Muerte del Señor Jesús, no podemos cerrar los ojos a esta realidad. Es más, mientras escuchamos la Palabra de Dios, preguntémonos:
¿Qué papel represento yo en este drama?
Oración
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; santifica a tus hijos y protégelos siempre, pues Jesucristo, tu Hijo, a favor nuestro instituyó por medio de su muerte y resurrección el misterio pascual. Por los siglos de los siglos. Amén.
(Todos se sientan)
Liturgia de la palabra
Monitor
Desde los sufrimientos del Siervo de Yahvé, relatados por la primera lectura, hasta el relato de la Pasión de Cristo, narrada por San Juan, nos recuerdan que la historia de nuestra salvación ha pasado por la prueba más grande de amor que Dios Padre nos ha dado, al enviarnos a su Hijo. Con su muerte y resurrección Cristo nos ha salvado. Escuchemos atentos estos relatos.
Lectura del libro de Isaías (52, 13-53, 12)
He aquí que prosperará mi Siervo, será enaltecido, levantado y ensalzado sobremanera. Así como se asombraron de él muchos pues tan desfigurado tenía el aspecto que no parecía hombre, ni su apariencia era humana otro tanto se admirarán muchas naciones; ante él cerrarán los reyes la boca, pues lo que nunca se les contó verán, y lo que nunca oyeron reconocerán.
¿Quién dio crédito a nuestra noticia? Y el brazo de Yahveh ¿a quién se le reveló? Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar.
Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta.
¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado.
Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados. Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y Yahveh descargó sobre él la culpa de todos nosotros.
Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca.
Tras arresto y juicio fue arrebatado, y de sus contemporáneos, ¿quién se preocupa? Fue arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías de su pueblo ha sido herido; y se puso su sepultura entre los malvados y con los ricos su tumba, por más que no hizo atropello ni hubo engaño en su boca.
Mas plugo a Yahveh quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahveh se cumplirá por su mano. Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará.
Por su conocimiento justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará. Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes.
Palabra de Dios.
Salmo 30
Respuesta: Canto
21. TU FIDELIDAD (DO)
Tu fidelidad es grande,
tu fidelidad incomparable es.
Nadie como Tú,
Bendito Dios.
Grande es tu fidelidad.
Salmo:
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle y escapan de mí.
Respuesta: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
Lector:
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil. Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.» En tu mano están mis azares;
líbrame de los enemigos que me persiguen. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.
Respuesta: Canto
Lectura de la carta a los Hebreos (4, 14-16; 5, 7-9)
Hermanos:
Ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios, mantengamos firme la confesión de fe.
No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado. Por eso, comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno.
Cristo, en efecto, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial. Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna.
Palabra de Dios.
Canto
22. HÁGASE EN MÍ (RE)
Hágase en mí,
cuanto quieras, como quieras, donde quieras.
Aquí estoy para vivir tu Palabra
Proclamación de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (18,1- 19,42)
Cronista: En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el que lo iba a entregar, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando una cohorte y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
+ «¿A quién buscáis?».
C. Le contestaron:
S. «A Jesús, el Nazareno».
C. Les dijo Jesús:
+ «Yo soy».
C. Estaba también con ellos Judas, el que lo iba a entregar. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
+ «¿A quién buscáis?».
C. Ellos dijeron:
S. «A Jesús, el Nazareno».
C. Jesús contestó:
+ «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos».
C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste». Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
+ «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?».
C. La cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo».
Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada portera dijo entonces a Pedro:
S. «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?».
C. Él dijo:
S. «No lo soy».
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó:
+ «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado. Ellos saben lo que yo he dicho».
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?».
C. Jesús respondió:
+ «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe,
¿por qué me pegas?».
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:
S. «¿No eres tú también de sus discípulos?».
C. Él lo negó, diciendo:
S. «No lo soy».
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S. «¿No te he visto yo en el huerto con él?».
C. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.
C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:
S. «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?».
C. Le contestaron:
S. «Si este no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos».
C. Pilato les dijo:
S. «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley».
C. Los judíos le dijeron:
S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie».
C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Jesús le contestó:
+ «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».
C. Pilato replicó:
S. «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».
C. Jesús le contestó:
+ «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».
C. Pilato le dijo:
S. «Entonces, ¿tú eres rey?».
C. Jesús le contestó:
+ «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».
C. Pilato le dijo:
S. «Y, ¿qué es la verdad?».
C. Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo:
S. «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».
C. Volvieron a gritar:
S. «A ese no, a Barrabás».
C. El tal Barrabás era un bandido. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:
S. «¡Salve, rey de los judíos!».
C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. «Mirad, os lo saco afuera para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa».
C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
S. «He aquí al hombre».
C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:
S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».
C. Pilato les dijo:
S. «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él».
C. Los judíos le contestaron:
S. «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios».
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más. Entró otra vez en el pretorio y dijo a Jesús:
S. «¿De dónde eres tú?».
C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:
S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?».
C. Jesús le contestó:
+ «No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».
C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. «Si sueltas a ese, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey está contra el César».
C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo “Gábbata”). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía.
Y dijo Pilato a los judíos:
S. «He aquí a vuestro rey».
C. Ellos gritaron:
S. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!».
C. Pilato les dijo:
S. «¿A vuestro rey voy a crucificar?».
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. «No tenemos más rey que al César».
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
C. Tomaron a Jesús, y, cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice “Gólgota”), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos».
Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego.
Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S. «No escribas “El rey de los judíos”, sino: “Este ha dicho: soy el rey de los judíos”».
C. Pilato les contestó:
S. «Lo escrito, escrito está».
C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S. «No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca».
C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados.
C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
+ «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
C. Luego, dijo al discípulo:
+ «Ahí tienes a tu madre».
C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo:
+ «Tengo sed».
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
+ «Está cumplido».
C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa.
23. OH CHRISTE (DO)
Oh Christe, Domine Jesu.
Oh Christe, Domine Jesu.
C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura:
«No le quebrarán un hueso»;
y en otro lugar la Escritura dice:
«Mirarán al que traspasaron».
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús aunque oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.
Palabra del Señor
Homilía
Oración Universal
Monitor
En este momento supremo en que revivimos la entrega de Jesús en manos de Dios Padre,
nosotros, el pueblo de los hijos e hijas de Dios nacido de la cruz y junto a ella, oramos por toda la humanidad.
(De pie)
Sacerdote
Dios Padre nuestro, en el grito de tu Hijo oímos tu protesta contra todas las violencias que se realizan sobre tus hijos más pequeños. Te pedimos nos ayudes a descubrir tu presencia silenciosa en Cristo y en todos los que sufren con sus cruces. Ten misericordia de nosotros y convierte nuestro violento corazón. Te lo pedimos desde todas las cruces levantadas en el mundo. Te lo pedimos desde Jesús crucificado. Por JNS. Amén
Todos:
Oremos todos por la Iglesia Pueblo de Dios: para que el Señor le dé la paz, la mantenga en la unidad, la proteja en toda la tierra, y a todos nos conceda una vida confiada y serena, para gloria de Dios Padre.
Sacerdote
Dios, Padre de todos, que en Cristo manifiestas tu gloria a todas las naciones, vela solícito por la Iglesia obra de tu amor, para que, extendida por todo el mundo, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu nombre. Por JNS. Amén
Todos:
Oremos por nuestro Papa león XIV: para que, en esta situación conflictiva en que está nuestro mundo, se sienta fortalecido por Dios y siga acompañando con acierto a la Iglesia, Pueblo de Dios y que sus visitas a nivel pastoral sean acertadas.
Sacerdote
Dios, Padre de todos, cuya sabiduría gobierna todas las cosas: atiende bondadoso nuestras súplicas y protege al Papa, para que el pueblo cristiano progrese siempre en la fe, en la esperanza y en el amor a los más pobres. Por JNS. Amén
Todos:
Oremos por nuestros obispos, por los sacerdotes, los consagrados y por todos nosotros, que formamos el Pueblo de Dios.
Sacerdote
Dios, Padre de todos, cuyo Espíritu santifica y gobierna la Iglesia; escucha las súplicas que te dirigimos por todos sus miembros, para que, con la ayuda de tu gracia, cada uno te sirva fielmente en la vocación a la que le has llamado. Por JNS. Amén
Todos:
Oremos por los hermanos dispersos que creen en Cristo: para que Dios nuestro Señor asista y congregue en una sola Iglesia a cuantos viven de acuerdo con la verdad que han conocido.
Sacerdote
Dios, Padre de todos, que vas reuniendo a tus hijos dispersos y velas por la unidad ya lograda: mira con amor a quienes siguen a Cristo, para que la integridad de la fe y la práctica de la caridad congregue en una sola Iglesia a quienes consagró un solo bautismo. Por JNS. Amén
Todos:
Oremos por el pueblo judío, a quien Dios habló desde antiguo por medio de los profetas: para que cambien las guerras por la paz, el odio por el abrazo entre los hermanos vecinos. Que cese la violencia y aflore el amor en las mentes y corazones de los poderosos que gobiernan estas naciones.
Sacerdote
Dios, Padre de todos, que confiaste tus promesas a Abrahán y su descendencia; escucha las súplicas de tu Iglesia, para que el pueblo de la primera alianza llegue a conseguir en plenitud la salvación. Por JNS. Amén
Todos
Oremos por quienes no creen en Dios: para que, por la rectitud y sinceridad de su vida alcancen el premio de llegar a Él.
Sacerdote
Dios, Padre de todos, que creaste al hombre y a la mujer para que te busquen, y, cuando te encuentren, descansen en ti; concédeles que, en medio de sus dificultades, los signos de tu amor y el testimonio de los creyentes les lleven al gozo de reconocerte como Dios y Padre de todos. Por JNS. Amén
Todos
Oremos por los gobernantes de todas las naciones: para que Dios, les guíe en sus pensamientos y en sus decisiones hacia la justicia, la paz y la libertad de todos.
Sacerdote
Dios, Padre de todos, que tienes en tus manos el destino de los hombres y mujeres y los derechos de los pueblos; asiste a quienes gobiernan, para que, por tu gracia, se logre en las naciones la paz, la justicia. el desarrollo y la libertad religiosa de todos. Por JNS. Amén
Todos
Oremos hoy, sobre todo, por quienes en el mundo sufren las consecuencias del pecado, de las guerras, para que cure a los enfermos, dé alimento a quienes padecen hambre, libere de la injusticia a los oprimidos, libere a los encarcelados, conceda volver a casa a los emigrantes y desplazados, proteja a quienes viajan y dé la salvación a los moribundos.
Sacerdote
Dios, Padre de todos, consuelo de quienes lloran y fuerza de quienes sufren, lleguen hasta ti las súplicas de quienes te invocan en su tribulación, para que sientan en sus adversidades la ayuda de tu misericordia a través de nuestra compasión. Por JNS. Amén
Adoración de la Santa Cruz
Monitor
Ante la cruz todos sentimos una resistencia instintiva. Sin embargo, aunque resulte paradójico, la cruz fue y es la garantía del amor y de la solidaridad, así como el resultado final de una lógica histórica y natural en la vida de Jesús.
Desde entonces, nadie puede dudar de que Dios nos ama. Ahora, al hacerla presente entre nosotros, descubrimos la seriedad y fidelidad del amor. Adorémosla con agradecimiento y esperanzados en la resurrección de Jesús.
Procesión con la cruz
Sacerdote: Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo.
Respondemos. Venid a adoremos.
(Todos adoramos la cruz, símbolo de nuestra Redención)
CANTOS ADORACIÓN
(Terminada la Adoración, se coloca la Cruz en el lugar más visible y central)
24. NO ADORÉIS A NADIE (SOL)
No adoréis a nadie, a nadie más que a Él.
No adoréis a nadie, a nadie más que a Él.
No adoréis a nadie, a nadie más.
No adoréis a nadie, a nadie más.
No adoréis a nadie, a nadie más que a Él.
No pongáis los ojos en nadie. . .
No busquéis a nadie. . . No sigáis a nadie. . .
Porque sólo Él es nuestro Redentor. . .
Monitor
Hemos terminado la adoración de la Cruz. Nos sentamos.
Comenzamos la cuarta parte de la celebración: La Sagrada Comunión.
Preparamos el altar. El sacerdote trae, desde el Monumento, el Pan de la Eucaristía que, después de rezar el Padre nuestro, vamos a comulgar.
Comunión
25. TE ADORO (DO)
Te adoro, Dios fuerte, nadie hay como Tú.
Te adoro, Príncipe de paz,
es todo lo que quiero hacer.
Te ensalzo, Dios fuerte,
pues Tú eres todo mi vivir.
Te adoro, Dios fuerte,
nadie hay como Tú.
Monitor
Tenemos sobre el Altar el Pan de la Eucaristía. Al recibir la Comunión en este Viernes Santo, afirmamos nuestro compromiso de unirnos a Cristo, a su vida de entrega y obediencia al Padre; a su vida de servicio y de amor, a su muerte como oblación total. Afirmamos también nuestro propósito de seguir su camino: “Si alguno quiere venir en pos de mí -dice el Señor-, que tome su cruz y que me siga”.
Padre Nuestro
26. PADRE NUESTRO (mi)
Padre nuestro, Tú que estás
en los que aman la verdad,
haz que el Reino que por Ti
se dio llegue pronto a nuestro corazón,
y el amor que tu Hijo nos dejó
ese amor, habite en nosotros.
En el pan de la unidad,
Cristo, danos Tú la paz,
y olvídate de nuestro mal
si olvidamos el de los demás,
no permitas que caigamos en tentación,
oh Señor, y ten piedad del mundo.
(Terminada la Comunión, el celebrante sigue con la oración de post-comunión. Y de modo solemne, pronuncia la Oración sobre el pueblo)
El monitor: hace la Monición de despedida.
Despedida
El final de esta celebración nos deja en el interrogante que siempre suscita la muerte. ¿Hay algo más allá de su sombrío rostro? ¿Representaba Jesús un horizonte de esperanza real o solo era la expresión de una ingenua ilusión? ¿Muere Dios arrollado por quienes tienen el poder y la influencia o le queda la última palabra por pronunciar? ¿Qué sería de la humanidad sin Dios y sin esperanza y sin perdón y sin compasión? ¿Morirá el ser humano con Dios o tienen futuro ambos?
Es tiempo de pensar y es tiempo de esperar. El sábado nos espera con su liturgia llena de símbolos y de historias que nuestros antepasados vivieron y contaron.
Oración
Dios de bondad, y de misericordia, que nos has renovado con la gloriosa muerte y resurrección de Jesucristo; sabemos que no dejas de tu mano la obra que has comenzado en nosotros, para que nuestra vida, por la comunión en este misterio, se entregue con verdad a tu servicio.
Te lo agradecemos por medio de Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración sobre el Pueblo
Que tu bendición, Señor, descienda sobre este pueblo, que ha celebrado la muerte de tu Hijo con la esperanza de su santa resurrección. Amén.
Derrama sobre él tu perdón, concédele tu consuelo, aumenta su fe, y consolida en él la redención eterna. Por JNS. Amén.
